UN DÍA COMO CUALQUIER OTRO EN CIUDAD JUÁREZ

Lo que está usted a punto de leer, es un diálogo cotidiano en los hogares de las y los trabajadores de Ciudad Juárez,  donde la adversidad urbana, que no sólo procede de la violencia generada por el crimen organizado, sino también de la institucional, en ocasiones burocráticamente deshumanizada o simplemente recaudatoria, está cancelando las oportunidades de una vida social en libertad para crecer en la convivencia y en la dinámica propia de los seres humanos de este siglo, ciudadanas y ciudadanos con derechos conquistados, pero también personas abandonadas a su suerte, desprotegidas institucionalmente, que viven cada vez más en el encierro, y no sólo eso, también amenazadas económica, social y culturalmente por las propias autoridades, que en lugar de generar programas  educativos, deportivos, de esparcimiento, seguridad y apoyo a la economía familiar -aclaro: ¡no paternalistas!, sino verdaderos programas democráticos y bien fundamentados- para que las personas de esta sociedad, especialmente las y los ciudadanos mayormente desprotegidos, puedan desarrollarse en un ambiente seguro, que les permita lograr una vida libre y digna en esta ciudad fronteriza.

-Mamá me dejas ir a una fiesta con mis amigos, va a ser en casa de Juan, tu lo conoces.

-Pero mijo,  cómo se te ocurre…

-¡Ay mamá! ya vas a empezar con lo mismo. Ándale, déjame ir… Ayer hasta me fui a las segundas a comprarme una camisa, ya ves que ahora me fue bien vendiendo mis chicles.

-Si mijo, pero también ya sabes que no debes de irte a vender cuando sales de la escuela, porque los del DIF (Desarrollo Integral de la Familia) nos amenazaron a tu papá y a mi con que te quitarían de nuestro lado, porque te exponemos al peligro por andar de vendedor en la calle, no ves que estas muy chico.

-¡Ay mamá! ya tengo 15 años. Anda mamá, al cabo ya sabes que ni mis amigos ni yo nos portamos mal, hasta saqué buenas calificaciones en la prepa este semestre, y me dijo el profe que voy por muy buen camino, que chance y hasta pueda estudiar la universidad.

-Si mijo, estaría muy bien, ya ves que ni tu papá ni yo pudimos estudiar por falta de dinero, y aunque eso cuesta mucho pos’… a ver como le hacemos para que tu si lo logres.

-¿Tons’ qué mamá? ¿me vas dejar ir a la fiesta?

-Ay mijo, si esta rete peligroso. Aquí en Ciudad Juárez no es como en nuestro pueblo, parece que no miras las noticias, han matado muchos jóvenes, y eran también buenos niños y los mataron en las casas. No, mejor te quedas y me ayudas a limpiar el patio y como esta bonito el día, hasta lavamos el carro.

-Y ¿para qué lo lavamos?, si ni lo podemos usar, esta chueco (ilegal), y ya los andan quitando, y además andan bien duros los retenes para lo del engomado ecológico y hace días que no tenemos ni pa’ la gasolina, con eso de que está sube y sube.

-Ándale mijo, no reniegues, vamos a poner bien bonita la casa para cuando llegue tu papá del trabajo.

-Bueno, pero después me dejas ir al arroyo a jugar fut con los chavos, ya que no quieres que vaya a casa de Juan. ¡Chin! me van a decir que soy mandilón (susurra).

-¿Qué tanto rezas? (le da un coscorrón).

-¡Nada mamá!, ¿porqué me pegas?

-Mira mijo, no es nada mas porque si, que no te dejo ir, tu ya sabes que ha habido varias masacres, y no tengo sosiego cuando andas por ahí, ¿tú me entiendes verdad??.

-Si mamá, pero entiende tú, soy joven y tengo ganas de divertirme, yo no tengo la culpa de todo lo que esta pasando, solo tengo ganas de vivir, ¿qué es mucho pedir?

Esta es una conversación muy cotidiana, puede que cambie algo, pero el punto central está ahí, las y los jóvenes atrapados en un mundo que no es nada amable con ellas y ellos, desde el hecho de que no hay oportunidades de estudio para todas y todos, no hay trabajo en el sector formal, y en el informal son perseguidos por las autoridades de comercio, o las autoridades que “vigilan” su “bienestar” como el DIF, que no apoyan en nada, pero si amenazan a las madres y los padres que tienen que salir a trabajar y se ven obligados a dejar solos a sus hijos, o en su caso, les permiten salir a conseguir unos cuantos pesos. Y por si todo esto fuera poco, sólo pensemos en el ambiente de inseguridad que les ha tocado vivir. Para muestra, están las masacres cometidas en contra de jóvenes en diversos eventos, como el ocurrido el 31 de enero del 2010 en el fraccionamiento Villas de Salvarcar, donde asesinaron a 16, ó el caso de parajes del sur, también en ese año, donde asesinaron a 6 que estaban velando a otro joven asesinado días antes, cuando se encontraba a bordo de su vehículo.

Así es la vida de las y los jóvenes, de las madres y los padres de familia que cada día tienen que luchar contra todas las adversidades para superarse. Y aún nos preguntamos ¿por qué estamos viviendo todo esto? Y la respuesta sigue en el aire. ¿Hasta cuando? Y esta pregunta, aún nadie puede responderla.