Noticias de Juarez- Juventud, el divino tesoro. ¿Será?

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ser joven en países con bajo ingreso, alta desigualdad social y problemas de delincuencia organizada, en especial narcotráfico, constituye el mayor riesgo de morir asesinado. Esto sucede con frecuencia en países donde existe la presencia de grupos del crimen organizado y éste es enfrentado por las autoridades o entre grupos rivales como ocurre en varios países de Centro América como Honduras y El Salvador. Así como en México donde se vive una ola de violencia a partir de la puesta en marcha de la estrategia nacional de seguridad, misma que inicio en diciembre del 2006 y desde entonces a la fecha han muerto mas de 40 mil personas, jóvenes en su inmensa mayoría. Todo esto a su vez que los delincuentes del crimen organizado están contratando más a menores de edad debido a la impunidad que gozan en su calidad de detenidos.

Por ejemplo en el estado de Chihuahua, debido al nuevo Sistema de Justicia Penal en el Estado, no se puede juzgar a los menores de edad como adultos, de acuerdo a lo estipulado en le articulo 18 de la Constitución Federal. Mas del 75% de los adolecentes que actualmente cumplen sanciones privativas de la libertad en esta ciudad por delitos graves en los que se incluyen secuestros, violaciones, extorsiones y asalto agravado quedaran en libertad en un lapso no mayor a 5 años.

Una preocupación adicional es que a partir de las reformas al Sistema de Justicia Penal, los menores ya no pueden ser trasladados al Centro de Readaptación Social para Adultos, (CERESO) al cumplir la mayoría de edad como se hacia anteriormente, sino que deben cumplir toda su sentencia en el Centro de Mejoramiento Social para Menores. Esto ha provocado una saturación de estos centros, y que los sentenciados mayores de edad se involucren con los menores creando una influencia nefasta para ellos y una reproducción del esquema de “universidades del Crimen.”

Aún con lo antes expuesto, se piensa que los adolecentes no deben ser considerados sólo como infractores de la ley porque ellos también son victimas de la explotación del crimen organizado. Además de que unirse a él constituye una opción tentadora cuando se combina la falta de oportunidades con el fácil acceso  a las drogas, las armas y la violencia intrafamiliar o comunitaria.
Ante tal panorama desafortunadamente y según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) el 15% de los menores que cometen delitos graves tienden a reincidir en el mismo delito.

Además que la violencia ha generado múltiples trastornos psicológicos a miles de niños, mismos que el Estado ha abandonado y no ha considerado los impactos de la violencia armada a menores. Es así que son muchas las historias del llamado “daño colateral” que ha dejado esta “guerra contra el narcotráfico”  que no contempla la reestructuración del tejido social, y la creación de las oportunidades que las y los jóvenes requieren en lo social y económico.

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